DOS PELIRROJAS Y UN ALCALDE

En mi incansable búsqueda llegué a una ciudad de cuento, tan solitaria e incierta como esos espectros que se fraguan en el pensamiento. Conduje por sus calles hasta que se me atravesó un coche que no había respetado el tácito “STOP”. Al volante iba Cardona, un alcalde que hace años conocí en carnaval (Enlace). Nos saludamos con la alegría del alma  que proporcionan estos encuentros. Me invitó a un café. Su afabilidad inspiraba  la confianza necesaria para contarle el peligro que corría quien me dio la vida. Él me abrazó. Un abrazo fraterno que devolví tímidamente para evitar el llanto amenazador que acudía a mis ojos. Acto seguido me dijo:

—Mira Oteaba, ya no soy alcalde y desconozco cómo podría ayudarte.

—Pero tú eres humano como ella… Los personajes no admiten más dilaciones y la dejarán sin memoria el día veinticuatro. ¡Por favor!

Cardona se quedó mudo, cabizbajo, pensativo, preocupado… Y cuando  salió de aquel estado, recibí la gran sorpresa. Me explicó su trayectoria profesional. Actualmente era presidente de la Autoridad Portuaria y conocía a mucha gente. Me aseguró que la encontraría así tuviera que vaciar todos los contenedores del puerto.

Pasaron semanas hasta que esta madrugada, él volvió a soñar que me encontraba en el mismo lugar. Traía noticias alentadoras. Mi querida humana estaba con dos amigas pelirrojas comiendo fabes con almejas. Una de ellas le había servido de estímulo para impedir el motín de los personajes. Mi agradecimiento a Juan J. Cardona fue tan grande que bauticé con su nombre la calle donde nos hallábamos. Pero a Morfeo no debió parecerle correcto y lo reemplazó con el mío.

Ella, esa humana de mis entretelas, nunca sabrá cuánto la cuido, aunque cualquier día me ponga a hibernar. No pasa nada, sé que tarde o temprano vuelve a buscarme. En cuanto a la osadía de los personajes…¡Bah!, no me ensañaré, recibirán el castigo de continuar desencarnados en la cabeza de mi creadora.

© Oteaba AuerJuan José Cardona Autoridad Portuaria en la imaginación de un avatar.

 

RETIRO ESPIRITUAL

Estoy en un sin vivir desde que una señora distinguida me abordó en el metro porque le habían hablado sobre mi apariencia física. Ella no había nacido y conocía a otros seres en las mismas circunstancias. Todas sus vivencias: personas con quienes se habían relacionado, fragancias, gustos musicales, alegrías, enfermedades, muertes, etc. habían surgido en la mente del individuo donde yo también habitaba. Simples personajes que jamás nos encarnaríamos.

De inmediato supe que se trataba de mi humana; probablemente soy su preferida… ¡Me dotó de pixeles! El caso es que fui a una reunión donde había gente de todo pelaje y hasta algún que otro animal. No les importa morir por la causa con tal de que mi querida humana pierda la memoria.

La señora me condujo a una plataforma para que les explicara un modo efectivo de liquidarla. A mi paso, el griterío se iba convirtiendo en murmullo hasta que  se produjo un silencio aterrador. La magnitud de la tragedia que se avecinaba, necesitaba una rápida intervención. Entonces los animé a unirse a la lucha de  PALO (Partido de Avatares Libres Objetores) que fundé en el 2011. La aceptación fue unánime y allí andan peleándose por los cargos y carguitos.

Les informé que me retiraba a planear la organización… De momento he ganado unos meses de vida para mi creadora, aunque no logro encontrar el camino del diálogo para advertirle del peligro en que se encuentra.

©Oteaba AuerProblemas de un escritor. Retiros espirituales para sosegar el alma y el espíritu

LA LLAMA DEL AMOR QUEMA MI PUERTA

La última vez fue con Pinocho…mmm….sin comentarios. Ahora es otra cosa ¡dónde va a parar! Detecto que el galán del cuadro ha cobrado vida. Me mira de una manera dulce, limpia, casta, sensible. Una mirada sueño de mujer humana o de cualquier otra especie. Sin embargo, por la naturaleza del caballero, me dirijo a Señoritas de Avignon, Meninas y demás óleos y óleas -que dicen los políticamente incorrectos-: Siento mucho que os hayáis quedado desfasadas entre lienzos, pinceles, trementinas y museos, pero este galán no desviará la vista de mi pixelado ser, aún sin haber visto el selfie en la bañera. Quedáis invitadas al próximo enlace…

Oteaba AuerOteaba auer el cuadro

LA MANADA

Llevo mucho tiempo en estado de hibernación. Mi creadora me ha olvidado, o eso parece. Pero hoy todos mis neuropixeles se pusieron en marcha cuando tropecé con un antiguo post de mi cosecha titulado “La Manada”. Por entonces no pude prever que cinco años más tarde esa palabra, con su correspondiente artículo, se convertiría en sinónimo de violación. Y, de alguna manera, con esta entrada, quiero sacar al sustantivo del estercolero para reivindicar el significado individual o colectivo que siempre tuvo. © Oteaba Auer

https://llantodepiano.blogspot.com/2011/07/la-manada.html

ENSAYO DE LA TONTERÍA

Andaba yo hibernando, después de la última vez que estuve por estos lares, cuando Pilar Cárdenes volvió a contactar conmigo. Necesitaba una cubierta para e-book y papel de una recopilación de relatos que llevan el título: “Ensayo de la tontería”. El resultado ha sido la  parte izquierda de esta imagen. Lo demás son abalorios que me apeteció poner porque sí y a ella no le importó .
© Oteaba Auer

Metempsicosis

Regreso después de mucho tiempo para contar que ni en el más truculento de mis sueños pude imaginar que alguna vez mi nombre quedaría impreso. El milagro, o como se llame, sucedió cuando Pilar Cárdenes me encargó el diseño de la cubierta y la maquetación en papel de la novela Metempsicosis. De esta manera doy un paso gigantesco hacia la humanización, aunque las cosas que contemplo en el planeta me rompen el corazón y prefiero continuar pixelada en el país de la quimera. Solo me resta suplicar a los dioses que detengan la metamorfosis…

© Oteaba Auer

La estatua de los deseos

Ayer regresé a dar una vueltecita por el mundo llano, y me llamó la atención La Calle de Los Grillos. No me extraña el nombre; es fea, oscura y triste. Allí naufraga la esperanza de los enamorados. El asfalto de azúcar se diluye con las mentiras y entre lágrimas cansadas desaparece por las alcantarillas.
A punto estaba de que brotaran las mías, por pura empatía, cuando la estatua de los deseos me invitó a ponerme al lado del letrero. No importaba si los paseantes echaban la moneda o no. Lo importante era la fe en el anhelo. Eché el mío, ¡y a la vista está! Todo se iluminó  con estrellitas que hubiera querido retener, pero subieron imparables a tachonar el cielo de esta noche de equinoccio (si la luna no hace de las suyas). Confío en que se cumpla.
Últimamente, me dijo la estatua, los amantes solo aspiran transitar la vía con el sucedáneo bajo en calorías, que no les rompa el corazón. ¡Qué lástima!, pensé, La calle de Los Grillos necesita solución, así que fui al ayuntamiento donde trabaja un alcalde que conocí en carnaval, hace unos años. Me ningunearon… Ante tal atropello, empiezo a madurar la idea de formar una plataforma ciudadana para cambiar el sentido, el aspecto y el nombre de La Calle de Los Grillos, por el de La Calle del Azúcar.

© Oteaba Aueroteaba-auer-estatua-de-los-deseos